La actitud emocional, determinante de nuestro Bienestar

La actitud previa ante cualquier circunstancia ya sea laboral, personal, familiar o social, es decir, nuestra predisposición ante esa situación, va a determinar el resultado.

 

¿Por qué? Porque la felicidad no es lo que nos pasa, sino como interpretamos lo que nos pasa. Depende de la visión, de cómo dibujemos nuestras emociones, si lo hacemos en positivo o en negativo.

Esta interpretación se basa en 3 conceptos básicos:

  • El sistema de creencias: a veces tenemos creencias sobre la vida, sobre nosotros mismos o sobre los demás que pueden ser limitantes. La misma realidad, puede ser observada desde diferentes prismas. Algunos la interpretaran como una oportunidad y otros como una desgracia, debido a ciertos automatismos generados por nuestra mente.
  • El estado de ánimo: la diferencia entre tu mejor y tu peor versión radica en tu estado anímico.
  • La escala de valores: es modificable a través del tiempo y, depende de lo que decida cada persona o sociedad, tomando en cuenta lo que se considere más importante desde el punto de vista moral y ético.

Muchas de las enfermedades que tienen que ver con las emociones, vienen precedidas por un pensamiento. Las emociones, activan y desactivan nuestras células, nuestro torrente sanguíneo e, incluso, nuestros genes. El simple hecho de tener una visión negativa sobre una situación puede fomentar la aparición de enfermedades.

 

¿Y a qué se debe?

Las emociones ponen en marcha neuropéptidos que funcionan como neurotransmisores y activan o desactivan las membranas de las células. Según nuestro estado anímico tendremos células contentas o tristes, células rabiosas o resentidas. Este proceso natural activa y desactiva los genes y eso, puede provocar la aparición de enfermedades.

Un 20% de la población está medicada por problemas en su estado de ánimo. Aquí entra en juego el cortisol, una hormona cíclica que por la noche debe estar en su punto más bajo y que por la mañana está en su pico más alto, para así, estar activos cuando nos despertamos. Una persona que vive en constante amenaza, miedo, estrés, activa y segrega esa sustancia tanto cuando vive la situación que le genera esos sentimientos como cuando se la imagina. La mente no distingue entre realidad y ficción, provocando que cualquier pensamiento tenga un impacto en nuestro cuerpo. En una situación de estrés, activamos el cortisol e «intoxicamos» nuestro cuerpo, ya que este actúa como un inflamador que elimina nuestras defensas. Tal efecto negativo nos repercute a dos niveles:

  • Físico: Temblor de ojo, caída de cabello, obesidad, colón irritable, migrañas, eczemas, fibromialgia, contracturas, problemas gastrointestinales…
  • Psicológico: Empezamos a estar mal con nuestro entorno, todo nos pone nerviosos, empezamos a tener fallos de memoria y concentración, sufrimos insomnio, nos sentimos agotados…

 

¿Qué hago para solucionarlo?

Un consejo para bajar esta inflamación es hacer ejercicio, educar nuestros pensamientos y nuestra voz interior (Mindfulness), eliminando así ese boicot interno para que nuestro sentimiento de Bienestar sea mayor.

Ironías de la vida, de pequeños nos activan con infinidad de estímulos y al crecer, nos aconsejan reducir esos estímulos con la práctica del Mindfulness, a través de la meditación y atención plena. ¿No os parece incongruente?

Por suerte, la práctica de Mindfulness para niños empieza a estar en auge. Esta representa una excelente técnica para alinear los pensamientos con el cuerpo y así, poder evitar futuros trastornos, fomentando nuestro Bienestar mental y físico.

 

Solamente si existe ese diálogo directo y sincero entre cuerpo y mente seremos capaces de ser dueños de nuestras emociones, siendo conscientes de cómo nos sentimos y de para qué nos sentimos de esa forma.

 

Autora: Mónica TraviesaHotel Terraza