El arte y la pintura como método de bienestar

Desde siempre nos han dicho que el arte tiene la capacidad de curar el alma y alegrar el corazón. Incluso la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha reconocido que hay una relación estrecha entre el arte, la salud y el bienestar y que la arteterapia es una herramienta efectiva para el tratamiento de patologías asociadas a la salud mental.

El arte llega a nosotros de muchas maneras y lo captamos a través de los diferentes sentidos, pero sea cual sea su forma de expresión, esta disciplina consiste en una emoción que emerge en el mundo a través del color y las formas y nos ayuda a conectar con nosotros mismos, ayudándonos a la vez a reducir el estrés y a superar determinados problemas internos.

Existen muchas maneras de entender el arte y muchas subcategorías dentro de esta disciplina, pero nosotros nos hemos querido centrar en los beneficios de la pintura en nuestro bienestar.

Mucho más allá de los pinceles

Muchas veces el día a día y la rutina de las personas no nos permite expresar nuestros sentimientos, y esto pasa cada vez más en nuestra sociedad. La pintura, y de hecho el arte en general, nos humaniza y nos ayuda a comunicarnos a través de un lenguaje muy diferente y personal. Esta falta de comunicación diaria puede generar muchos inconvenientes para nuestra salud y por eso a través de la pintura podemos encontrar una herramienta que nos ayude a canalizar todas estas emociones que a menudo nos guardamos.

La pintura nos distrae de nuestros problemas y hace salir el estrés de una forma tangible, de forma que podemos identificar mejor nuestros sentimientos y aumentar nuestra capacidad de expresión. Estas emociones que surgen en el mundo exterior forman parte de nuestro mundo creativo y, si conseguimos hacerlas fluir, podremos crear una gran armonía entre el corazón y la mente, lo cual nos lleva a experimentar felicidad, amor, empatía y paz.

A menudo vivimos tan deprisa que no nos damos cuenta de la importancia de pararnos y escuchar lo que nuestro cuerpo necesita, y esto nos dificulta llegar a este estado de relajación, un estado al cual podemos llegar a través de un lienzo en blanco y que si practicamos de forma continuada nos ayudará a encontrar el bienestar emocional, orgánico, energético y espiritual que nuestro cuerpo y mente necesita. Si es cierto que esta práctica pide cierta paciencia y tiempo, esto nos enseña a saber esperar, escuchar y apreciar el silencio, en resumen, a tener prudencia y respeto hacia los otros y aprender a alejarnos cada vez más del mundo caótico y estresante en el que vivimos.

Pintar es una actividad individual: aunque estemos en un taller, en una clase grupal o virtual, en cualquier caso la persona que está pintando entra en un mundo propio. Este está lleno de posibilidades, donde la estimulación de la creatividad permite aislarnos de forma positiva de la realidad, evadiéndonos por unos instantes de las preocupaciones y el estrés del día a día. Este descanso mental nos genera relax y felicidad, convirtiendo esta disciplina en toda una terapia.

El hecho de formar parte de una actividad que facilita la mejora continua, el aprendizaje y la superación personal también ayuda a fortalecer la autoestima de aquellos que se ven involucrados en este proceso creativo. Por eso, se recomienda mucho en aquellas personas con codependencia, traumas o adultos que requieren actividades que les eleve la autoestima y haga valer su autonomía.

La pintura requiere la concentración y esta focalización hacia una actividad en concreto nos permite desconectar del entorno y del tiempo, mientras los dolores físicos desaparecen y despertamos nuestro inconsciente. Durante este estado de concentración denominado Alpha, una parte de nuestro cerebro está consciente, pero el otro transmite energía pura hacia aquello que estamos creando, sintiendo así como desaparece la fatiga o el dolor. Sería el mismo estado al cual llegamos a través de la oración, la meditación, la aromaterapia o la música, un estado de sanación temporal que a la vez nos ayuda a estimular conexiones cerebrales y mejora nuestra motricidad.

Además de todos estos beneficios también tenemos que recalcar que la pintura es sin duda diversión, puesto que nos permite reír, socializarnos, nos motiva a aprender cosas nuevas, nos enseña a apreciar la naturaleza y nos alegra el alma. Quizás es un buen momento para empezar un nuevo reto que a la vez se puede convertir en una terapia personal y una cura para el propio bienestar.